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Memoria y Balance 2014
Poltica de Calidad

Rafael Vehils

XI Presidente del 30 abril de 1932 a su renuncia en agosto 1933

La Presidencia de D. Rafael Vehils, dura escasamente un año y medio. Elegido en 1932, motivos de salud y de sus múltiples ocupaciones empresarias y políticas, le impiden continuar su gestión al frente de la Cámara, por lo que renuncia a los pocos meses de haber sido reelegido en la Asamblea General de 1933. D. Francisco Bilbao, Vicepresidente 1º, habrá de cubrir el período hasta la siguiente Asamblea en julio de 1934. No será la única vez que lo haga, ya que de nuevo, en 1938, al fallecer D. Antonio Polledo, que ocupaba en una segunda época la Presidencia, vuelve a asumir interinamente este cargo, hasta que en agosto de 1939 resulte elegido D. Andrés Bausili.

Durante su breve presidencia, D. Rafael Vehils lleva a buen término tres difíciles temas que comprometen a la Cámara: rectificar, frente al Gobierno español, la interpretación de la declaración de oficialidad de las Cámaras de Comercio de América y Filipinas; solucionar el gravísimo problema creado por el bloqueo recíproco de fondos entre España y la Argentina; y lograr el éxito de la Primera Exposición del Libro Español en Buenos Aires.

Respecto del primer problema, la madurez y experiencia política e institucional de D. Rafael Vehils había de aportar claros conceptos a la fundamentación de la reiterada política de la Cámara en sus relaciones con el Estado español. Tampoco será la última vez que la Cámara exponga con valentía sus convicciones en defensa del margen de autonomía que le corresponde; D. Andrés Bausili, lo volverá a reclamar frente a lo que en su momento (1941) se consideró como excesivo avance de la economía estatal frente al libre comercio de los particulares.

Reproduciremos a continuación los párrafos de otra Memoria, la de 1932, en que D. Rafael Vehils y el Secretario de la Cámara, D. Ramón Alcalde, despliegan criterios político-institucionales que mantienen una perfecta coherencia con lo que se dijo en las actas fundacionales de 1887. “El equívoco a que dio lugar la declaración de oficialidad de las Cámaras de Comercio de América y Filipinas, por el Real Decreto de 1923, fue seguramente punto de apoyo para los Decretos – Leyes de 1929 que olvidaron por completo que se trataba, como se ha dicho, de asociaciones libérrimamente constituidas por españoles radicados en estos países, y arrasaron su autonomía, incurriendo incluso en el exceso de señalar a estas corporaciones un rango jerárquico con relación a los funcionarios del Estado español de carácter diplomático, consular y comercial, de dar intervención al Jefe de la Misión Diplomática en todo lo relacionado al régimen interno y al funcionamiento ordinario de los servicios de las Cámaras y de supeditar en forma oficial, pública y, por consiguiente visible, los actos de las Cámaras en los países de residencia y sus relaciones con las autoridades locales a las normas que en cada caso señale el Jefe de la Misión Diplomática o el Cónsul de la demarcación, lo que equivale a hacer personalmente responsables a estos funcionarios ante los poderes públicos de los países de domicilio de las Cámaras, por la actuación corporativa de las mismas.... Comprendemos que si el Estado español reconoce oficialmente a las Cámaras Españolas de Comercio, constituidas libremente por españoles domiciliados en cualquier nación americana, declarándolas organismos consultivos y auxiliares de la Administración y dotándolas con una subvención, es lógico y equitativo que ejerza sobre estas entidades cierta fiscalización de carácter tutelar, por medio de sus representantes directos, los funcionarios diplomáticos, consulares y comerciales..... Sometemos a la consideración de esa Dirección el proyecto... haciendo constar que nuestro propósito está inspirado en un espíritu de ponderación y medida, ni partidario de la independencia absoluta de las Cámaras de Comercio que el Estado reconozca como cuerpos consultivos y auxiliares de la Administración, ni de la dependencia absoluta del Estado.....” .

Guiados por estos criterios, los directivos de la Cámara van consolidando su imagen institucional y acreditando su eficacia, como lo confirma el creciente peso de su opinión en el seno del Comité de Cámaras de Comercio Extranjeras con la que continúa (y habrá de continuar) una ya larga y armónica colaboración; la adhesión de la Cámara a la Conferencia Nacional de Comercio organizada en Buenos Aires, en abril de 1932, por la Cámara Argentina de Comercio; con la activa representación de la Cámara ante la Junta Nacional del Comercio Español en Ultramar, digna y eficazmente ostentada por D. José Francos Rodríguez hasta su fallecimiento; así como con el honroso ingreso de nuestra Institución en la Cámara de Comercio Internacional de París, en abril de 1933.

Durante casi todo el año 1933, el comercio hispano-argentino se vio perturbado y casi paralizado por el recíproco bloqueo de fondos que se originó en un Decreto del 6 de enero, por parte del Gobierno español y en su consiguiente respuesta a través de otro Decreto del Gobierno argentino del 16 de abril del mismo año. La Cámara tuvo una única reacción: desplegar una intensa actividad para llevar a conocimiento del Gobierno español, las bases para su indispensable arreglo. Este conflicto entre los gobiernos de Uriburu y Azaña se concluyó en octubre de 1933, tras las arduas gestiones de la Cámara ante D. Claudio Sánchez Albornoz, Ministro de Estado y ante D. Diego Martínez Barrio, Presidente del Consejo de Ministros.

El tercer tema le era muy caro a D. Rafael Vehils: la celebración de la Primera Exposición del Libro Español en Buenos Aires; le costó más de diez años de esfuerzos concretarla. Aprovecha ahora la capacidad de acción que le proporciona la Presidencia de la Cámara para formar una Comisión de Libreros de esta Capital de la que personalmente forma parte; esta Comisión comienza a trabajar en julio de 1932 y en el término de un año, a fines de julio de 1933, se inaugura la Exposición. Fue un éxito que proporcionaría, a partir de ese momento, una excelente posición en el mercado al libro español, hasta el punto de que la Argentina llegó a ser el primer país importador de nuestro libro. Es interesante señalar que los 10.000 libros exhibidos fueron donados a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires cuando se clausuró la Exposición.

Una vez más, la Cámara muda su domicilio social. Deja las dependencias que ocupaba en Luis Sáenz Peña 277 y se instala en Cangallo 439, 2º. Allí permanecería desde setiembre de 1933 hasta octubre de 1960 en que ocuparía la planta baja del edificio social de la Asociación Patriótica Española, último paso de su peregrinaje hasta disponer de su local propio, en Belgrano 863, 8º piso, lo que ocurrirá en junio de 1967.

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