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Memoria y Balance 2014
Poltica de Calidad

Manuel Mieres

IX Presidente del 26 mayo de 1923 al 14 de febrero de 1927

La situación política de España no favorecía el intercambio comercial. En julio de 1923 se tratan en la Cámara los problemas ocasionados por las huelgas de transportistas en Barcelona, “ya que los importadores no pueden recibir mercaderías que hace tiempo tienen compradas”. En setiembre de ese mismo año, el Gral. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, Marqués de Estella y Capitán General de Cataluña publica un manifiesto en nombre del Ejército: “No venimos a llorar lástimas y vergüenzas, sino a ponerles pronto y radical remedio”. El Monarca acepta los hechos y se constituye el Directorio interino. Entre los efectos que ello provoca entre los Representantes Españoles, aquí en la Argentina, está el definitivo alejamiento del Cónsul General D. Joaquín Iturralde.

Del Congreso Nacional de Ultramar había surgido la Junta Nacional del Comercio Español en Ultramar, cuyo secretario fue D. Rafael Vehils, futuro Presidente de nuestra Cámara, con cuyas iniciativas ha de colaborar permanentemente desde los distintos e importantes puestos que desempeñó en el Gobierno, las Asociaciones empresarias españolas y las de nuestra colectividad en Buenos Aires. Su visita se produce en 1924 contribuyendo a esclarecer las ideas para la adecuación del Reglamento de la Cámara a las exigencias surgidas de aquel Congreso.

Una de las características de la Presidencia de D. Manuel Mieres, acompañado en la Secretaría por D. Benito Roca, fue la excelencia de las Memorias de la Cámara, verdaderos estudios de mercado en los que se analizaba el comercio hispanoargentino con detalle y aplicando las más modernas concepciones económicas entonces vigentes. En 1925, en la tercera Memoria presentada a la Asamblea durante esta presidencia, había ya clara conciencia del aporte que se estaba brindando desde sus páginas; ”...es de destacar el interés dispensado a nuestra Memoria por la prensa argentina y española.... por los más renombrados publicistas españoles.... La Cámara de Buenos Aires rompía el molde común y al parecer obligado de esta clase de documentos que, por regla general, no son sino recopilaciones estadísticas tomadas a granel, desprovistas de interés práctico y coleccionadas sin tener en vista propósito alguno de sana y eficaz orientación”. Entre las noticias gratas que aparecen en la Memoria figura la bonificación en los pasajes de los socios de las Cámaras de Ultramar concedida por la Compañía Transatlántica Española, rebaja que alcanzaba un 30 % sobre los que se trasladen a la Península.

El análisis de la exportación española, en 1924, mostraba un lamentable proceso decreciente. 1916 había sido el año de máximo florecimiento, ocupando España el 5º puesto entre los países proveedores de la Argentina; actualmente se había retrocedido hasta el 9º lugar. Las causas están planteadas contundentemente: la desastrosa política mercantil de España. “El saldo desfavorable –se dice- contiene estas tres partidas: 1) anulación absoluta de nuestra exportación industrial; 2) pérdida del mercado del aceite y captación de la plaza por Italia; 3) obstrucción sistemática y tenaz a la entrada de carnes argentinas en España, dificultando una cordial política de intercambio, mientras Francia e Italia comienzan a adquirir considerables partidas y Portugal estudia la misma posibilidad”.

En la Memoria del año siguiente, nuevos elementos se toman en consideración: “La forzada y prolongada inacción industrial de las naciones europeas beligerantes ha permitido que un competidor tan poderoso como Estados Unidos ganara en los mercados de América Meridional posiciones que, en lo sucesivo, no hará más que afianzar. Estos países, además, y singularmente la República Argentina, marchan rápidamente hacia la industrialización de sus incalculables recursos naturales, lo que reduce de año en año, en determinados ramos, el área ocupada en el mercado por la producción extranjera. Consecuentemente, la legislación del país acusa una explicable orientación hacia un régimen de proteccionismo a aquella industria en que la producción interna es ya considerable por su cantidad y calidad”.

La Cámara no deja de advertir acerca de las consecuencias a que puede conducir (y a las que en realidad ya está conduciendo) la política comercial española que deja de lado los tradicionales vínculos de amistad y de compenetración básica entre la Argentina y España. Buena muestra de su acierto se tiene en la respuesta que, ante la prohibición absoluta del Gobierno español a la entrada de ganado procedente de la Argentina (por la fiebre aftosa) a partir de diciembre de 1923, da el Gobierno argentino prohibiendo en 1924 la importación de frutas y hortalizas frescas basándose en la plaga “la mosca de la fruta” o del mediterráneo. Costarán grandes esfuerzos de la Cámara, llegar, años después (en 1930), a la derogación de tal decreto, demostrando reiteradamente que dicha plaga no afectaba a las huertas españolas. La Cámara española abogó repetidamente, sin resultado, a favor de la importación de carnes argentinas, visto el proceder de otros países que no presentaban objeciones a ese producto.

El libro español continúa siendo objeto de especial cuidado de los directivos de la Cámara; “se ha fundado recientemente la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) que preside D. Baldomero Fernández Moreno.... con ella deben ponerse en contacto los editores españoles a fin de prevenir o castigar tales delitos (las ediciones piratas)....”, insistiendo en que “una propaganda bien orientada haría mucho por el libro español, que es víctima de las ediciones clandestinas y fraudulentas que se hacen en estos países (especialmente en el Uruguay), de casi todos los libros españoles de éxito”. Otro serio obstáculo con el que se tropieza es el de la carestía del libro.

El edificio de la “Casa de España”, de difícil convivencia entre la Cámara, Legación, Centre Catalá y la frecuente presencia de actos organizados por asociaciones españolas, se había deteriorado notablemente con el paso del tiempo y transitorios abandonos de espacios que permanecían largo tiempo cerrados y sin uso ni cuidado. En 1924 la Cámara traslada sus oficinas a la Avda. de Mayo 1370, 10º piso, en el edificio tradicionalmente conocido como “Galería Barolo”. Un año más tarde se lamenta la Cámara de que “el Gobierno español no se decida a efectuar en el edificio de la calle Chacabuco las reparaciones necesarias” y, en 1926, está decidida la venta del ya viejo edificio. Lo adquiere el Centro Catalán que ya lo venía ocupando en parte. La Cámara, por los derechos que tenía, provenientes de la escritura de donación de D. Luis Castells, en 1889, “y las dificultades que le ocasiona el encontrarse sin domicilio, solicita un incremento de la subvención, de 8.000 a 25.000 ptas.” En 1927 lo que se habrá conseguido será un incremento a 10.000 ptas. El 14 de febrero de 1927 fallece D. Manuel Mieres en ejercicio de la Presidencia de la Cámara. Lo reemplaza el Vicepresidente, D. José Ustáriz, quien había de ser electo en la Asamblea de mayo de 1927.

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