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Gonzalo Sáenz

VII Presidente del 26 de noviembre de 1914 al 16 de mayo de 1921

Tras la convocatoria a todos los socios activos de la Cámara, el 9 de noviembre de 1914 se reúne una Junta General Extraordinaria, presidida por el Sr. Cónsul de España, D. Joaquín Iturralde. Así como en 1887 fue D. Juan Durán y Cuerbo, en su carácter de Ministro Residente quien la organizó por primera vez y la impulsó con entusiasmo y dedicación, será ahora D. Joaquín Iturralde el que acompañará, con su permanente presencia en casi todas las reuniones de la Junta Directiva y su compromiso para obtener el apoyo del Gobierno español a las iniciativas de la Cámara, esta etapa conocida como de “reconstitución”. En sus palabras a los escasos socios presentes “expuso los motivos que le impulsaban, en cumplimiento de un mandato de la superioridad y de su deber, a presidir esta Junta General de la que esperaba que surgiría un acuerdo para proceder con todo entusiasmo a la reconstitución de la Cámara de Comercio, tomando como base de partida las tradiciones altamente patrióticas con que sus miembros sabían cooperar en esta obra, tanto más necesaria cuanto que los actuales momentos eran propicios para llamar la atención de los comerciantes, a fin de establecer y desarrollar sobre cimientos inconmovibles el intercambio hispano-argentino”.

El 24 de noviembre se reúne la Junta General que aprueba la reforma del Reglamento de la Cámara y elige los miembros de la Junta Directiva. El 26 de noviembre se designa a quienes han de ocupar los cargos, resultando Presidente D. Gonzalo Sáenz, Vicepresidente D. León Durán, Tesorero D. Timoleón Menta y Secretario D. Victoriano Villamil.

En la reforma del Reglamento se presta particular atención a una de las actividades de la Cámara que en forma más constante y con prestigio creciente venía desarrollando: la de Arbitraje.

Esta etapa va a estar signada por la guerra europea, con sus dificultades para el comercio internacional, con la expectativa, que parecía constantemente escaparse, de incrementar la exportación española, y con los cambios en la política comercial de las naciones que serán consecuencia de la conflagración.

En 1915 ya se habla de reactivar la publicación del Boletín, pero la necesidad de cuidar las finanzas de la Cámara, maltrechas desde la celebración del Centenario, limitan su aparición, tanto en cuanto a la regularidad como a su extensión. Gran parte de la información la transmite la Cámara a través de los medios periodísticos vinculados a la colectividad española y, en particular, gracias a las buenas relaciones que mantiene con “El Cronista Comercial”.

Al alterarse las reglas comerciales, por la guerra europea, la preocupación de la Cámara crece respecto de la adulteración de los productos españoles. Una parte de su actividad va dirigida preferentemente ante el Gobierno español, pero también ante las autoridades argentinas, para lograr una legislación que asegure la autenticidad de los productos, en especial el aceite de oliva, mediante exigencias de indicación de origen y contenido en los envases. Por otra parte, también se toma conciencia de deslealtades comerciales originadas en el conflicto. En la Asamblea General de 1916 se dijo: “....las calamidades que la guerra ocasionó al comercio mundial nos han proporcionado, a los que conocemos las energías de nuestra Patria, grandes satisfacciones, aunque no han sido tan completas como a ello tenemos derecho, porque varios fabricantes extranjeros de los que hoy sus naciones se encuentran complicadas en la conflagración, han acaparado casi toda la producción española de ferretería, tejidos y otros muchos productos, repitiéndose con frecuencia el caso de que yo he visto (habla D. Plácido Llano) mercadería que me consta ha sido fabricada en España y a este mercado llega como de otro país....”.

La reactivación de la Cámara es inmediata. En las actas constan interminables listas de correspondencia recibida y contestada, lo que anima, haciendo ver la conveniencia de “emprender una enérgica propaganda entre nuestros compatriotas a favor de la Cámara”. Ello, naturalmente exige el crecimiento de su aparato administrativo: “El excesivo trabajo que nuestra Secretaría tiene cada día, las múltiples consultas que se nos hacen, la enorme cantidad de correspondencia que se recibe y las infinitas y diversas cuestiones que tanto de información comercial como de diferentes asuntos se nos presentan, muestran la conveniencia de aumentar el número de empleados....”. En 1915, la Cámara registraba 267 socios; en 1920, alcanzan a 448. Los problemas concretos a los que deberá atender la Cámara, durante este período, se refieren al aceite, a los tejidos, a la sidra y otras bebidas, a la disponibilidad de bodegas en buques y a las comunicaciones.

Respecto del aceite, un Decreto del Gobierno español prohibe su exportación. Las razones son, haberse superado el tope de 70.000 toneladas y el temor al desabastecimiento interno por malas cosechas. Los primeros intentos de la Cámara se frustran absolutamente: en diciembre de 1916, la Junta Directiva autoriza al Presidente para que envíe un cablegrama al Gobierno español informándole que la importación del aceite de oliva a esta República alcanza cifras tan significativas que bien puede considerarse como una de las principales que tiene la exportación española a la Argentina y haciéndole saber la necesidad y conveniencia de que artículo de tanta importancia como el aceite español no debe dejar de recibirse en ningún momento. En enero de 1917, la respuesta extiende la prohibición absoluta a toda clase de aceites.

La situación es tan apremiante para los importadores y comerciantes que en mayo de 1918 se reúne una Asamblea Extraordinaria de Importadores de Aceite. Allí se analiza el Decreto en el que se establece el sistema de “prorrateo”, por el cual los exportadores de España podrían continuar enviando hasta el tope del promedio anual exportado durante el quinquenio 1912 a 1917. La opinión unánime de los socios de la Cámara es el pedido de exportación libre. Los fantasmas de la pasada guerra y las fabulaciones de la post-guerra surgen en las discusiones: ”....los Estados Unidos, consumidores insignificantes de aceite de oliva... y exportadores importantísimos de aceite de algodón... se han presentado en España como grandes acaparadores de aceite de oliva, comprando todo lo que podían y dispuestos a sacarlo en su momento, en convoyes, buques - tanques, en la forma que fuese más rápida... ¿qué se hace de esto?, no sé; unos saben que hay el proyecto de acaparamiento universal, para ponerlo luego a la venta al precio que quieran; otros creen que los destinan a usos ignorados.....”. La mentalidad, la eficacia y la competitividad del comercio internacional después de la guerra (como tantos otros aspectos de la vida social) han cambiado y la adaptación a las nuevas reglas no es fácil.

Otro problema es la falta de bodegas en buques para el transporte de mercaderías. España ha requisado la casi totalidad de los buques. Los retrasos, la interminable permanencia de los buques inmovilizados en los puertos por falta de carbón, la intervención de consignatarios extranjeros, dificultan la llegada de los productos españoles; pero la sensible percepción de la Cámara no deja de advertir “los irremediables perjuicios que representa no poder enviar a la Península las mercaderías (argentinas) que sirven de materia prima y que son de absoluta necesidad para la industria española”.

El tercer problema se vincula al desarrollo tecnológico de las comunicaciones. Era frecuente que la Cámara se dirigiera a los funcionarios de Correos, tanto de España como de la Argentina, para mejorar los tiempos y la eficacia de la comunicación postal. En especial porque la correspondencia entre ambos países no era directa, sino que requería su entrada o salida en Europa por Portugal, Francia o Italia. La posibilidad de utilizar la comunicación cablegráfica no podía dejar de interesar a la Cámara. En el Boletín de marzo de 1917, se propone la instalación de un cable directo entre España y América del Sur. La Cámara de Comercio y Navegación de Barcelona responde apoyando la idea con entusiasmo. No obstante, los intentos se verán frustrados, al menos según esta concepción. Cuando se hace realidad el lanzado de un cable entre Italia y América del Sur, es también la Cámara la que realiza todas las gestiones que condujeron a la incorporación de España al servicio.

La vieja preocupación para mostrar en Buenos Aires los productos españoles, se va concretando mediante la decisión de la Cámara de “convertir los salones de su domicilio (en la Casa de España) en Exposición Permanente de Productos y Artículos Españoles”; en marzo de 1916 ésta termina su instalación y se comienza a promocionar la visita de los interesados.

El atractivo por un nuevo producto, que progresivamente ha de incorporarse a las actividades promocionales de la Cámara, toma estado institucional el 27 de setiembre de 1918. En esta fecha, por primera vez, “fueron invitados a una reunión los principales libreros españoles aquí establecidos, al objeto de tratar de que el libro español tenga en esta Capital las mayores facilidades... se ha comunicado a las Cámaras del Libro español de Barcelona y de Madrid los acuerdos tomados en esta reunión.... indicando la conveniencia de que en nuestra Cámara de Comercio figure una sección dedicada al libro español”.

La necesidad de ir prestando cada vez mayor atención a los diversos sectores de la producción española hace que se replantee una idea ya aludida en diferentes ocasiones: organizar Comisiones designadas con el nombre de cada uno de los gremios: Tejidos y Mercería – Artículos de Almacén y Comestibles – Ferretería – Papelería y Libros – Productos Químicos. Se aprueba y, aunque tardará en concretarse, es el antecedente de los modernos sectores de la Cámara.

La historia de la Cámara se va aproximando a nuevas etapas de modernización que vienen exigidas por las actuales características del comercio internacional. En abril de 1920 se recibe en la Cámara a un invitado especial: D. José María Braceras, vocal de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio de España en París. Algunos párrafos del acta correspondiente sirven para captar la coyuntura de cambio que se vive en el mundo y a la que se integra nuestra Cámara. “Braceras llama la atención a cómo la guerra ha trastornado las leyes comerciales, atendiendo todas las naciones a los grandes problemas de la paz: la organización del trabajo; el fomento de la producción; la expansión de las exportaciones y la conquista de mercados extranjeros.... Se están formando grandes organizaciones mediante importantes agrupaciones bancarias y comerciales, especialmente en las dos grandes naciones que quieren distribuirse el dominio del comercio... y siendo el fin principal de estos colosos el sometimiento de los mercados hispano-americanos... se requiere un estudio más científico de los problemas comerciales..... crear un departamento de informaciones comerciales más importante del que en la actualidad existe... que esté representado en el Parlamento y en el Ministerio de Fomento.... nombramiento de agregados comerciales en todas las embajadas... Las Cámaras deben estar dotadas de elementos mucho más amplios para que con mayor eficacia puedan contribuir al acercamiento y unión entre patronos y empleados, practicando ideales de concordia. También deben contribuir al fomento de la enseñanza técnica y de aprendizaje, patrocinando la enseñanza profesional”.

De esta reunión surge el acuerdo de la Cámara de escribir a todas las Cámaras de Comercio españolas radicadas en el extranjero, invitándolas a concurrir a la celebración de una Confederación de Cámaras de Comercio españolas en Madrid.

Por otra parte, un problema de circunstancias, pero que estaba ocasionando graves trastornos, - la demora que empleaba la Oficina química de la Argentina en analizar los artículos importados - provoca la invitación, en la Cámara de Comercio Francesa, a las más importantes asociaciones de comercio radicadas en Buenos Aires.

La primera reunión bien puede considerarse un importante y avanzado antecedente del “Primer Congreso Nacional del Comercio Español en Ultramar” que habrá de celebrarse durante marzo y abril de 1923, en Madrid.

La segunda, lo es del “Comité de Cámaras de Comercio Extranjeras en la República Argentina” que quedó constituido en octubre de 1922 (la actual “Unión de Cámaras de Comercio Extranjeras y Binacionales”, de la que desde aquella constitución ha sido miembro nuestra Cámara).

La comunicación de la Cámara con el Gobierno español goza, a partir de julio de 1919, de un fuerte apoyo, por haber aceptado D. José Francos Rodríguez, hombre público de notable trayectoria política, ser su representante en Madrid. Durante muchos años seguirá al tanto de las gestiones de la Cámara, apoyándolas siempre con la mayor inteligencia, esfuerzo y lealtad. El 30 de diciembre de 1920 se celebra una sesión extraordinaria para hacer la presentación oficial de D. José Francos Rodríguez ante la Junta Directiva, aprovechando su presencia en la Argentina. La Cámara lo interesa en tres temas: impulsar la venta, a gran escala, de carnes argentinas en España; obtener la liquidación de la deuda que el Gobierno mantiene con esta Cámara con motivo de la Exposición del Centenario; e invitar a S.M. el Rey Don Alfonso XIII para que venga a la Argentina al año siguiente. D. José Francos Rodríguez tiene palabras de alto elogio para los integrantes de nuestra Cámara: “....no sé de ninguna Cámara de Comercio de las oficiales que en España tenemos, que reúna los importantes y valiosos elementos que ustedes representan en ésta de Buenos Aires”.

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