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Francisco María de Ibarra

III Presidente del 23 abril de 1895 al 5 mayo de 1899

Cuando, en años posteriores, se hace referencia a la Asamblea del 21 de abril de 1895 se la considera la primera reorganización de la Cámara. No obstante, no puede decirse que haya habido una suspensión en sus actividades; es más, en la Asamblea del año anterior, 1894, había ocupado el cargo de Secretario uno de sus miembros más activos: D. Angel Román Cartavio. Con su exuberante estilo, D. Victoriano Villamil escribe en su breve crónica... “A partir de entonces (1892) entró (la Cámara) en estado de coma, hasta que en 1894 apareció el Mesías que le daría vida cierta, el inspirador y conductor que requería. Era éste el señor Angel Román Cartavio. Ingresó en la Comisión Directiva que presidía D. Ramón Sardá y se adjudicó el cargo de Secretario honorario, desde cuyo sitial inspiró, vigorizó y dirigió la Cámara durante dieciseis años. En agosto de 1910 renunció al cargo. Es necesario decir que, entre tanto, el señor Cartavio fundó y organizó la compañía de seguros “La Hispano Argentina” y las compañías metalúrgicas “La Acero Platense” y “La Cantábrica”. Durante la actuación del señor Cartavio la acción dinámica de la Cámara repercutió en todo el país y en todas las regiones de España vinculadas con la Argentina”.

Es oportuno el momento para acotar que, si bien hemos tomado como modelo de división en la historia de la Cámara los períodos ocupados por sus 18 Presidencias (17 Presidentes, ya que D. Antonio Polledo la ocupará en dos períodos separados por 11 años), los impulsos que recibió la Cámara no siempre se corresponden con la renovación de sus Presidentes. El cargo de Secretario fue ocupado, al menos en muy claras etapas, por hombres sobre los que descansó la tarea de impulsar los momentos más activos y vigorosos de la Cámara. Los Secretarios que destacaron de modo especial a través de su historia han sido: D. Angel Román Cartavio, D. Victoriano Villamil, D. Francisco López Castañeda, D. Antonio Cebollero y D. Antonio Sempere, hasta que, a partir de 1983, las funciones ejecutivas de la Cámara recaen en el Gerente.

Los acontecimientos políticos que acontecen en España, que encuentran su exponente más dramático en el atentado que termina con la vida de D. Antonio Cánovas del Castillo, y la guerra en Cuba, afectan y orientan, en gran medida, los temas en que interviene la Cámara. Su comunicación con España es difícil, en cuanto a lograr que allí se preste la necesaria atención a los problemas cuya solución se demanda.

En julio de 1896 se dirige al Sr. Ministro de Estado una nota que bien puede considerarse el compendio de las medidas que la Cámara considera fundamentales para el mantenimiento y desarrollo del mercado argentino. “...y no se diga que a nuestra indiferencia o apatía se debe la pérdida de estos importantísimos mercados para los productos de nuestra patria...... Mientras los industriales y comerciantes de la Península persistan en encerrarse tras el frágil parapeto de que bástanles los mercados de nuestras posesiones antillanas y filipinas para la colocación de sus productos.... estériles serán todos nuestros esfuerzos.... Establecer casas de comisión en los principales centros de la Argentina.... enviar representantes con los muestrarios de sus respectivos productos... abrir créditos y facilidades.... estudiar el gusto de aquí, como otros países lo hacen.... perfeccionando sus productos y envases.... y el establecimiento de líneas de navegación rápidas y baratas.... son medios que deben ponerse en práctica a fin de que el comercio de España no pierda completamente estos mercados de América...”

Pese a la dificultad en obtener resultados concretos como respuesta a todas las demandas y advertencias que formulaba la Cámara, sus reiteradas palabras no caían en saco roto, al menos a nivel de los productores españoles.

Así lo evidencia la respuesta que la nota anterior encontró en la Asociación de Agricultores de España, quienes responden a la Presidencia de la Cámara: “....muy cierto es que nuestra indiferencia ha sido la mayor facilidad que han tenido los productos italianos, particularmente los vitícolas, para tener menos dificultades que vencer en la invasión de ese mercado... si no contáramos con el valiosísimo organismo que V.S. preside, tal vez hubiéramos perdido absolutamente los mercados de esa floreciente República..... las atinadas observaciones de V.S. respecto del poco esmero en la preparación de nuestros vinos..... señalan una causa que ha contribuido indudablemente a la depreciación de nuestros caldos....”

Y justamente respecto de este producto, inicia la Cámara lo que puede considerarse una verdadera “batalla del vino”, que continuará por muchos años. El tema era arancelario y se consideraba de vital importancia para su comercialización. En 1894 se estableció como graduación máxima libre de derechos aduaneros la de 14º; los vinos españoles tienden a tener mayor graduación, por lo que el límite anterior era de 18º; la Cámara, considerando impracticable mantener tal límite, se dirige a la Honorable Cámara de Diputados razonando la oportunidad de fijarlo en 17º, en la próxima Ley de Aduanas. Cada año se renovarán las notas de la Cámara y sus gestiones ante políticos y legisladores para elevar en lo posible el tope de esta desgravación.

El tema se complicaba por cierto ambiente de “represalia” relativamente explícito que se había difundido en Buenos Aires. En efecto, en los puertos españoles se había implantado una cuarentena a todos los productos agropecuarios procedentes de la Argentina, por la fiebre aftosa detectada por Inglaterra en las carnes argentinas. Como resultado de las gestiones de la Cámara se obtiene en España la libre entrada de sebos, grasas y cueros de procedencia directa de la República Argentina.

Como corresponde a una institución que nuclea a comerciantes, estos temas concretos, puntuales, constituyen gran parte de la actividad de la Cámara, en su búsqueda de equilibrio entre las disposiciones gubernamentales y los intereses de los particulares. Pero ello no agotaba las energías de la Cámara, pendiente también de los temas a los que la convocaba su patriotismo e incluso un cierto (y tradicional en el comercio de todos los tiempos) mecenazgo.

La Cámara responde a las necesidades originadas en España por la guerra en Cuba con importantes contribuciones en cuanto institución e invitando a sus socios a contribuir con el Fondo Patriótico que se encarga de recaudar la Asociación Patriótica Española.

A partir de 1895 y durante más de 40 años, la Cámara concederá un premio al mejor alumno del Instituto Mercantil patrocinado por la Sociedad Cosmopolita de Protección Mutua, prestando, también, su apoyo económico al “Instituto Americano” que dirige en Adrogué el prestigioso educador Sr. Monner Sans.

Otro de los temas de muy larga preocupación por el que se interesa apasionadamente la Cámara, a partir de estos años, es el de los transportes marítimos. Si bien en el transporte de pasajeros España “sobresale a todas las empresas por su excelente trato y magníficas comodidades.... el servicio de La Transatlántica actualmente suspendido, no satisface las necesidades del comercio por deficiencia de itinerario y lo costoso de sus tarifas..... porque el Gobierno español no concede primas a esta navegación” (Boletín, enero 1897).

En 1896 un Real Decreto viene a reconocer los esfuerzos de la Cámara, distinguiendo a tres de sus miembros. Son nombrados Comendadores de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, el Secretario D. Angel Román Cartavio y los Sres. D. José M. Blanco y D. Cayetano Sánchez.