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Poltica de Calidad

Ramón Sardá

II Presidente del 14 noviembre de 1888 al 23 abril de 1895

D. Ramón Sardá permanece en la Presidencia de la Cámara durante más de seis años. Esto, por una parte, le ofrece la posibilidad de iniciar una acción continuada que vaya estableciendo un “estilo”, pero corresponde también a una etapa gris, con cierta improvisación, lo que va proporcionándole a la institución experiencia tras éxitos y errores. Pese a que el Reglamento adoptado preveía ya la realización anual de la Asamblea de socios y la correspondiente elección de la Junta Directiva, sólo se realiza una Asamblea Ordinaria, en 1894; el libro de actas se interrumpe en febrero de 1892, reanudándose en agosto de 1894, con la convocatoria a la asamblea.

La Cámara celebró trece sesiones de Junta Directiva en once meses del año 1887, ocho en 1888, cinco en 1889, dos en 1891 y una en 1892.

No obstante, interesa destacar que no se interrumpe la publicación del Boletín, concretándose en esta actividad informativa el mayor esfuerzo de la Cámara durante este período.

D. Luis Castells, próspero hombre de negocios y español entusiasta, con el objeto de que España tenga una sede en la Argentina en que esté dignamente representada, dona al Gobierno español un solar en la calle Chacabuco y corre con los gastos de la edificación de un palacete. Allí tendría su secretaría y salones de exposición la Cámara, ocupando la planta baja el “Centre Catalá”, compartiendo el piso principal con las oficinas de la Legación y dedicándose el segundo piso para habitaciones del Ministro español y empleados de la Legación. Allí permanecerá la Cámara, desde que se inaugura el edificio, en abril de 1891, hasta que se traslada al piso 10º de la “Galería Barolo”, Av. de Mayo 1370, “por el mal estado del viejo edificio”, en 1924.

En octubre de 1889, se inaugura la 2ª exposición de cuadros españoles organizada y realizada por la Cámara. Responde al mantenido propósito de que España sea conocida no sólo por sus productos tradicionales sino por lo que aporta al arte y la creación, en lo que, se considera, tan merecido prestigio ha alcanzado en Europa.

Coincidió en esas fechas, finales de 1889, la presencia en el puerto de Buenos Aires de la Exposición Flotante “Conde de Vilana”. Muestra de la producción, industria y arte de España, este aristócrata español “pone al amparo de esta Cámara la exposición flotante que lleva su nombre”. Fruto de las gestiones de la Cámara fue la ceremonia de inauguración en la que hablaron los ministros argentinos del Interior, Dr. Quirno Costa en nombre del Presidente de la República, y de Relaciones Exteriores, Dr. Estanislao S. Zeballos, así como la visita que hizo al buque el propio Presidente, Dr. Juárez Celman, con sus ministros.

El Boletín de la Cámara presta toda su atención a la comunicación marítima. Es un tema que reaparecerá casi constantemente entre los que debe afrontar aquella. Ya bien, como en 1890, por la satisfacción del desarrollo del servicio cubierto por la Compañía Trasatlántica, con la incorporación al itinerario del Río de la Plata del buque “Alfonso XIII”, al que las actas califican de “palacio flotante”, ya bien luchando para la reanudación de servicios que solían interrumpirse, hacerse muy costosos o ceder lugar ante las líneas extranjeras. La búsqueda de recuperar el prestigio marítimo se manifiesta igualmente con el homenaje que, con el título “¡A Peral!”, se rinde desde las páginas del Boletín al inventor del submarino.

Las dificultades económicas por las que atraviesa España se traducen en la supresión de la subvención, que constituía una de las medidas de apoyo instituída por el ministro Moret. Ello deprime las posibilidades de acción de la Cámara que entra en una etapa de cierta languidez hasta que, en abril de 1895, se convoca la Asamblea General de Socios.

El Boletín señala que “España pierde día a día, en muy sensible proporción, el exiguo consumo con que viene figurando en el importantísimo movimiento mercantil de esta República”.

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