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La Fundación de la Cámara

En 1887, la Argentina y España, curadas las heridas de la guerra de la Independencia, mantenían unas relaciones cordiales en las que el comercio no ocupaba ningún papel destacado.

Ambos países habían seguido cada uno su camino, lo que implicaba que la Argentina se había dirigido hacia otros mercados y que “distaban mucho los industriales y traficantes españoles en fijarse en el brillante porvenir que les ofrecen los mercados de la costa y del interior de todas las Américas”, como dijera, en la sesión preparatoria de la fundación de la Cámara, el Ministro Residente de España, D. Juan Durán y Cuerbo.

Pero argentinos y españoles coexistían en estas tierras, donde continuaban entrelazando vínculos familiares, económicos y políticos. A la primera convocatoria para organizar la Cámara responden con su activa presencia 260 comerciantes, radicados todos ellos en la ciudad de Buenos Aires.

Esta convocatoria tuvo un mentor distante, el Ministro de Estado de España, D. Segismundo Moret y Prendergast, político liberal de ilustre trayectoria, que fue llamado a ocupar esa cartera cuando la Reina Regente Da. María Cristina, viuda de Alfonso XII, encarga la organización de su gabinete al jefe liberal Sagasta.

Moret, capitalizando la experiencia que había recogido en Londres como Embajador de España, impulsó la creación de Cámaras de Comercio tanto en la Península como en el exterior.

Mentor inmediato en Buenos Aires de esa convocatoria fue el nombrado Ministro Residente, D. Juan Durán y Cuerbo. Intérprete preciso de la política de Moret se entregó durante todos los años de su permanencia en la Argentina a impulsar y apoyar ante el Gobierno español y ante las autoridades locales la acción de la Cámara.

Supo estar siempre presente y prueba de ello es que la mayoría de las actas registran su nombre como Ministro, acompañando a la presidencia y supo, también, respetar la autoridad y la independencia de la Junta de Gobierno de la Cámara, en la que siempre se expusieron las opiniones particulares atinentes a asuntos comerciales con la mayor libertad.

La Cámara, cuando D. Juan Durán y Cuerbo se jubiló como Ministro Plenipotenciario de 1ª Clase, en 1898, le brindó el homenaje de su afecto y respeto; pero este patriota, al ofrecérsele un banquete al que acudirían todas las sociedades españolas, “excusó su aceptación por las circunstancias en que se halla la patria y su ánimo con tal motivo” (la guerra de Cuba).

El lugar de reunión de los 260 primeros socios para la constitución de la Cámara, fue el Club Español, en su sede de la calle de la Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen). Esta institución acompañará también, durante los 110 años que historiamos, la gestión de la nuestra. Como ámbito físico, en reiteradas oportunidades en que la Cámara pasó por transformaciones o dificultades de instalación, acogió su Secretaría e, incluso, ofreció sus salones para diversas exposiciones patrocinadas por nosotros. Además, era y es frecuente que las mismas personas ocupen cargos directivos en una y otra institución.

La visión política puesta al servicio del desarrollo económico, le permitió a D. Juan Durán y Cuerbo formular, en las palabras pronunciadas el día 21 de abril ante la Asamblea General Constituyente, principios que continúan válidos en teoría económica.

Se refiere así: al estudio de la competencia: “en vez de perder el tiempo en inútiles lamentaciones (los comerciantes)... podrán dedicarse en su Cámara de Comercio (al estudio de) ... los medios de que se han valido los ingleses, los alemanes, los norteamericanos, los belgas y los franceses, para introducir sus productos aquí, donde los nuestros no tienen sino muy escasos compradores ...” a la necesidad de realizar estudios de mercado: “(los productos españoles) no los tendrían nunca (compradores), sea cual fuere la situación privilegiada en que se los coloque, mientras los españoles no sepamos cómo aquellos (los otros países) han sabido estudiar las aficiones y las condiciones necesarias al consumo de cada pueblo”, al desarrollo de una mentalidad objetiva:”... no basta que existan Cámaras de Comercio. Es condición indispensable a su existencia que, abandonando la vida académica y de eterno lirismo que entre nosotros llevan con sobrada frecuencia las corporaciones mercantiles y científicas, den perpetua y constante muestra de vitalidad, consagrándose ... al estudio de los problemas industriales que puedan interesar a nuestra patria ...”, a la importancia de desarrollar una mente abierta a la multitud de problemas que son el contexto de las relaciones comerciales internacionales ".... la legislación mercantil, la aduanera, la organización del servicio de puertos, las grandes vías del comercio universal, los mercados extranjeros y, en especial, los de América española, la fundación de museos comerciales, el mejoramiento de las clases obreras, la geografía colonial y mercantil, tales son los problemas principales, casi vírgenes, a que las Cámaras de Comercio deberán consagrar desde luego su atención....”, a la búsqueda de información y a la comunicación solidaria:”... como los datos necesarios para su resolución no se encuentran reunidos en parte alguna, sino que se hallan esparcidos por toda la superficie del planeta y en confusión extraña, mezclados unos con otros, claro es que los esfuerzos de las Cámaras no pueden ser aislados.... si el comercio español ha de tener conciencia de sí mismo..... es indispensable mantener entre sus diversos representantes un perpetuo cambio de ideas y de noticias para que sea como representación viva de esa unidad y resuma sus deseos y sus aspiraciones....”

Estos principios de filosofía comercial, con su ineludible actualización en el correr de los años, se mantuvieron como orientación básica del espíritu que guió constantemente el accionar de la Cámara Española de Comercio de la República Argentina.

LL&Asoc